Cuando la ansiedad no te deja orar – Encuentra calma y paz interior
Descubre cómo encontrar calma en medio de la ansiedad, incluso cuando no puedes orar. Consejos prácticos y esperanza para el alma.
5/8/20242 min read


Los pensamientos corren más rápido que las palabras, el corazón late sin ritmo, y hasta respirar se siente difícil. En esos momentos, incluso intentar orar parece imposible. Quisiéramos hablar con Dios, pero el ruido interior no deja espacio para una palabra más.
Si te has sentido así, no estás solo. La ansiedad no distingue creencias, edades ni circunstancias. A veces se disfraza de preocupación, otras de cansancio o de exceso de control. Pero detrás de todo eso, hay una mente y un corazón que claman por descanso.
La ansiedad no siempre se nota. Puedes sonreír y al mismo tiempo sentirte en guerra por dentro. Puedes creer en Dios, tener fe, y aun así temblar ante lo incierto.
Y está bien. Sentir miedo no te hace débil, ni significa que no confíes en Él.
En la Biblia, hay un pasaje donde Pablo escribe algo profundamente humano:
Cuando la ansiedad invade el alma
“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias; y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.”
(Filipenses 4:6–7)
Hay días en que la mente no se calla...
Este texto no es una orden para “dejar de sentir”, sino una invitación a llevarle nuestras cargas a quien puede sostenerlas mejor que nosotros. La ansiedad no se apaga negándola, sino rindiéndola.
La mente necesita silencio, el alma necesita descanso
Cuando la ansiedad no te deja orar, puedes empezar con un suspiro.
A veces eso basta. No tienes que tener las palabras correctas; Dios —o la paz interior, si prefieres llamarla así— escucha incluso el lenguaje del cansancio.
Aquí hay algunos pasos simples para esos momentos en que tu mente se siente fuera de control:
Respira con intención.
Inhala contando hasta cuatro y exhala contando hasta seis. Imagina que con cada respiración, entregas una preocupación.Habla con sinceridad.
No necesitas frases elaboradas. Puedes decir: “No sé qué hacer, pero aquí estoy”. Esa frase ya es una oración.Ancla tu mente en algo verdadero.
Si crees en Dios, repite una promesa bíblica. Si no, puedes usar una afirmación de esperanza, como:“No todo está perdido. Estoy a salvo en este momento. Puedo empezar de nuevo.”
Suelta el control.
La ansiedad muchas veces nace del intento de tener respuestas para todo. Pero hay cosas que sanan cuando dejamos de pelear y confiamos en que el tiempo —y Dios— harán su parte.
La paz que menciona Pablo no es la ausencia de problemas, sino la presencia de calma en medio del caos. Es ese tipo de paz que no tiene explicación, pero que llega cuando uno deja de correr y simplemente se rinde.
Quizás hoy no puedas cambiar lo que te preocupa.
Quizás las respuestas aún no llegan.
Pero puedes empezar a respirar más despacio, a hablar contigo mismo con más compasión, y a permitir que la fe —o la esperanza— tome el lugar del miedo.
Y poco a poco, cuando menos lo esperes, volverás a orar.
No desde la angustia, sino desde la paz.
La paz que sobrepasa el entendimiento


Aun cuando mi mente se llena de ruido, mi alma puede hallar reposo en Ti.”